Muchas veces los diseñadores gráficos tenemos clientes que nos sacan de quicio, ya sea por su insistencia en que les hagamos algo que va contra nuestra forma de pensar, por infravalorar nuestro tiempo o por dar mil vueltas a un diseño, pero otras veces, nos pasamos de listos, es una verdad absoluta que nos ocurre a casi la totalidad de los diseñadores…

Nos creemos poseedores de la razón.

Es cierto que cuando hacemos un diseño, cuando le dedicamos horas a un cliente, toca defenderlo, un “no me gusta” no puede ser 100% excluyente y por lo tanto a veces nos toca argumentar el por qué hemos hecho lo que hemos hecho y el resultado es como es, pero a veces, llevamos esa argumentación al extremo, nos cerramos en una idea y todo lo que se salga del camino es considerado como un error.

Los 20 años que llevo dedicándome a esta profesión me han enseñado que lo mejor es dejar a los clientes satisfechos sin por ello renunciar a nuestros principios.

Considero que es muy importante quitarnos ese caparazón absurdo y aprender a entender el punto de vista de aquél que no tiene nuestros conocimientos en todas las materias que componen la teoría del Diseño Gráfico, tenemos que aprender a ir estrechando el camino para que al final las opciones que presentemos sean acertadas.

 

Tenemos que aprender a entender lo que “no” se nos dice.

No somos artistas, aunque algún diseñador tenga mucho arte en sus venas, somos los responsables de que nuestros trabajos funcionen y uno de los principales objetivos es que el cliente se quede contento, así que os recomiendo encarecidamente que tengáis en cuenta las observaciones que se hacen por parte de los clientes, eso sí, intentar sacar toda la información que podáis antes de comenzar el proyecto, enseñarles bocetos, y lo más importante:

Nunca aceptéis un “No me gusta” sin argumentación por parte del cliente.

Es importante que nos digan que es lo que no les gusta de nuestro diseño ya que hay varios elementos en toda composición: La tipografía, los colores, la estructura, los tamaños, etc.

Si conseguimos que el cliente nos diga que lo que le gusta y lo que no, seguramente vayamos acercándonos a un buen resultado final, sin embargo, si no argumenta su “No me gusta” sería volver a empezar de cero, y os aseguro que eso es mucho peor que ir descartando partes.

Desde que empecé a interrogar a los clientes que me descartan un trabajo, todo fluye mucho mejor, me doy cuenta de que, realmente, el que haya un elemento de discordia es el argumento totalitario de descarte en la mayoría de los casos, incluso hay veces que el propio cliente no es consciente de esto, ve algo que no le agrada y descarta todo el trabajo, pero tal vez arreglando ese algo se arregle el todo.

Espero que esta reflexión / consejo os sea útil. Os aseguro que a mi me resulta realmente eficaz.

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